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Orígenes del ballet en Chile

Este grabado presenta a la familia “Rousset”, compuesta por las hermanas Carolina, Teresina, Clementina y Adelaida, de gran fama en Europa y Estados Unidos. Vinieron en plena época romántica a Chile (1856) y causaron estragos con su sutileza y contoneos, y la presentación de obras que aún hoy son favoritas del repertorio, como Giselle o Las Sílfides.

La danza en Chile puede rastrearse, sin duda, al menos hasta la colonia. Pero no así la danza artística, o ballet, como se le irá conociendo desde fines del siglo XVIII. Esta, que tendrá un fuerte arraigo en Francia, penetrará en Chile junto a otras formas románticas para la escena a mediados del siglo XIX. La primera compañía, de hecho, llegará a Chile en 1850 y estrenará Giselle un 18 de diciembre. Sus dos primeras bailarinas, Dimier y Soldini, causarán amores y duelos entre los amantes de este nuevo arte. La temporada, que abarcó hasta el siguiente año, incluyó, por ejemplo, La Fille mal Gardée y La Sílfide, ballet que incluso llevó a crear una revista de artes con su nombre durante aquel verano chileno.

Los años siguientes vieron pocas presentaciones hasta las funciones de las Rousset, que incluían gastos por orquesta, maquinistas, pintores, utileros, comparsas, velas, fuegos artificiales y policías acompañantes. Además, el coreógrafo y director Landelle se dedicó a hacer clases, las primeras en Chile, y sus alumnas se presentaron en abril de 1857, la primera vez que bailarinas chilenas estuvieron sobre el escenario.

En los años siguientes, otros artistas marcarán época, ahora sobre las tablas del recién inaugurado Teatro Municipal de Santiago (1857). Celestina Thierry, Óscar Bernardelli, Aurelia Dimier. Sus presentaciones a lo largo de Chile duraron hasta 1860. En 1862 vino otra compañía más, Martinetti-Ravel, que incluía equilibristas, acróbatas y circo en general. En 1873, con la reinauguración del Municipal, se presentó la última compañía de danza en el Municipal antes del siglo XX.