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El Ballet en Santiago

Aunque con frecuencia se señala que el ballet sólo se inició en Chile con la venida de Anna Pawlova, en realidad hay solo una parte de verdad en aquello. Diversos profesores existían ya desde mediados del siglo XIX, y una primera función con alumnas chilenas de ballet se puede rastrear a 1853. También diversas compañías de ballet se presentaron en aquel tiempo, pero fue con el conjunto de la Pawlova que llegó a Chile quien fuera el primer profesor técnico de ballet en hacer escuela: Jan Kaweski.

El ballet de Kaweski funcionó más de 20 años con funciones propias (de sus “bailes clásicos”) y también, principalmente, como parte de las temporadas de ópera. En la década de 1940, con el advenimiento de la guerra, dos extranjeros hicieron escuela en Chile: Vadim Sulima y Ernst Uthoff. El primero, como maestro de baile, se centró en la técnica clásica de la escuela rusa y el segundo con la técnica moderna y la danza-teatro.

Mientras Ernst Uthoff creó escuela en la Universidad de Chile, Vadim Sulima trabajó como privado, pero tuvo una relación más cercana con el Teatro Municipal, que lo recibió como heredero de Kaweski en el apoyo a la ópera y la presentación de retazos de ballet clásicos del repertorio. En 1958 Octavio Cintolesi -antiguo alumno de Uthoff- vuelve a Chile y retoma la labor de Sulima, quien se va de Chile por un conflicto de intereses. El Teatro Municipal lo invita a formar una compañía al año siguiente, que incluirá alumnos de Uthoff y Sulima entusiasmados con el aprendizaje que Cintolesi traía de Europa. Así se funda en 1959 Ballet de Arte Moderno, principalmente con coreografías del propio Cintolesi, como “El Mandarín Milagroso”, que vemos en la fotografía.

Luego de la partida de Cintolesi, y tras diversos años con dificultades de todo tipo, Iván Nagy toma la dirección del Ballet de Santiago en una nueva etapa hacia 1984. Su influencia, de alguna manera, continúa en la compañía hasta hoy. Decide transformarlo en un conjunto de excelencia con artistas extranjeros y la invitación a profesores de primer nivel. En pocos años logró montar obras dificilísimas del repertorio y elevar la temporada oficial de ballet a una de excelencia, con numerosas giras internacionales y la opinión general de ser la mejor compañía de sudamérica.