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La inauguración (17-09-1857)

La primera temporada del  Municipal de Santiago se realizó con cierta urgencia, dado que ningún empresario había logrado traer una compañía para la ocasión, así que se solicitó a la que ya estaba dando vueltas entre Valparaíso y Santiago en el Teatro Nacional. Sus principales exponentes eran la gran Sofia Amic-Gazan (a quien vemos en la imagen) e Ida Edelvira, sin desconocer al tenor Bastogni.

Sofía Amic-Gazan, quien fue la primera cantante en subirse al Municipal, entonó el himno nacional aquel 17 de septiembre de 1857, para luego participar en una presentación de Ernani, de Verdi. Cercana a un fotógrafo que se había instalado con el famoso Garreaud de Valparaíso, la Amic-Gazan destacaba sobre todas las voces de la época (incluso de la Pantanelli), y en palabras de Aquinas Ried, gran músico, “era lo mejor que se había escuchado por acá, por la frescura, pureza y calidad del tono, y sobre todo por el trino que nunca he oído nada igual”.

Aquella noche, estaban Manuel Montt y Antonio Varas en el palco presidencial cuando todos se pusieron de pié para entonar el himno nacional. Al principio, no todo resultó como esperado. Recién instalado el sistema de gas, la lámpara principal casi no prendió y en una época que se acostumbraba dejar la luz de la sala encendida, para muchos fue de una incomodidad tremenda que no se vieran los vestidos de tantas damas asistentes al estreno. Además, la sala de cafetería no estaba del todo lista y se hizo muy pequeña para los centenares de asistentes. Se servía entonces no solo champañana, sino que también té y hasta helados. Pese a aquello pequeños inconvenientes, el Teatro deslumbró a todos.

El día 18 se dio, junto al himno, Los Puritanos de Bellini con Ida Edelvira en esta ocasión, y luego corrieron la Hija del Regimiento (19), Rigoletto (20), La Traviata (22), Nabuco (23), Lucia di Lamermoor (24), Macbeth (25), Trovador (26) y finalmente Gemma de Vergy. Durante todas las fiestas se lanzaron fuegos artificiales fuera del Teatro y el día 21 se realizó una gran fiesta a la que asistieron miles de personas, toda la sociedad santiaguina. Según los cronistas, tantos fueron los asistentes que a cada vals varios vestidos se rompían de bailar tan apretados, y a cada nuevo paso se pisaba algún pié, pidiéndose más disculpas aquella noche que en todo lo que iba del año.